jueves, octubre 19, 2006

Más fragmentos (a ver si algun dia los arrejunto todos)

Sólo el tapizado rojo de las paredes parecía, levemente, zafarse del abrazo amarillento de la luz del sol poniente. Digo levemente porque en realidad no la evitaba, sólo la teñía de un falso tono anaranjado, creando una ilusión multicolor en la que las motas de polvo flotantes quedaban atrapadas. Era una ilusión de inmovilidad, le daba a uno la impresión de que el tiempo se había detenido y de que el calor era líquido y se escurría por las paredes, adoptando colores que iban del amarillo huevo al naranja más fogoso mientras se deslizaba por el papel pintado.
Salvador estaba tumbado boca arriba, los ojos fijos en una esquina del techo, el pecho descubierto y las gotas de sudor resbalándole por la frente hasta la colcha roja, en la que poco a poco iba formándose una máscara blancuzca. La luz entraba por el ventanuco detrás y encima de su cabeza, así que podía mantener su cabeza pegada a la pared y aprovechar así el único resquicio de sombra para que le cubriera la cara y, al menos, la luz no le quemara los ojos. Oía los pesados pasos de Manuel subir lentamente las escalera

martes, octubre 10, 2006

Una idea para un nuevo cuento...(estoy en ello)

Ayer conocí al hombre que escribe los telediarios. Al que decide que ha pasado hoy y, sobretodo, que no ha pasado ni pasará nunca. Es el hombre que borra las cosas del mapa, el que escribe los sucesos y las crónicas deportivas, el que dibuja las fronteras. Él es el hombre que pone los cuchillos en las manos de los delincuentes de medio pelo y también los micrófonos en los labios de los tertulianos de media mañana.
Le pillé trabajando con una mano en una nueva estafa que mañana saltará a primera página, algo relacionado con tipos de interés y comisiones bancarias, y con la otra mano dibujando el mapa del tiempo del próximo jueves. Me contaba mientras tanto, tiene una capacidad de trabajo fuera de lo común, que está ideando una complejísima trama política en el centro de Europa que nos tendrá entretenidos meses. Decía que incluye espionaje, asesinatos de estado y drogas duras. Nos va a encantar, estaba convencido de ello.
Todavía me asombra el personaje, pero no puedo decir que me sorprenda.

miércoles, octubre 04, 2006


Aprovechando el ciclo en Albricias sobre Michael Caine, cuelgo aqui esta foto. En pleno swingin London.

sábado, septiembre 23, 2006

In Dreams (Blue Velvet)

David Lynch, Dennis Hopper, Roy Orbison,...

miércoles, septiembre 13, 2006

Citas útiles

Os he escrito por carta, que no os juntéis con los fornicarios.
Corintios 5:9
No absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del mundo.
Corintios 5:10
Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis.
Corintios 5:11

jueves, agosto 31, 2006


Llegar tarde a tu propia muerte. William S. Burroughs.

Vamos por partes: Muerte de Anselmo

Entre los escalones quinto y séptimo de una fría escalera de caracol encontró Anselmo Delgado la muerte, una mañana tonta y tan fría como la escalera misma que se levantaba sobre la ciudad de Barcelona. En aquel tejado ya solo quedaban algunas palomas que revoloteaban sobre el cadáver y los charcos verdosos recuerdo de la lluvia del último martes. Le parecía a Anselmo cuando vivía que todos los Martes debía de llover en esa ciudad extraña, que las nubes iban acompasadas al ritmo de los días y que, por ley, los Jueves eran soleados rompiendo así las semanas con inocente alegría y calorcito.
Volvamos, pues, a cuando Anselmo estaba coleando todavía.
Un martes lluvioso se despertaba con él. Era Noviembre, mediados. La costumbre de empezar el día a las ocho se le había quedado incrustada entre ceja y ceja después de cuarenta y siete años trabajando en las imprentas Solàs e Hijos S.L., así que llevaba casi un mes sin trabajar y ahí estaba, poniéndose los zapatos y repeinándose los cuatro pelos que quedaban en pie, oyendo el desagüe del tejado bajando lleno hasta los topes, el agua ruidosa repicando encima del techo y después un hierro, suelto por el viento seguramente, golpeando la pared lateral que daba a la calle. Decició, claro, subir a echar una ojeada.

Más sobre la muerte

La muerte no es lo opuesto a la vida, es lo que sucede cuando la vida no es.
Así la vida es en el tiempo, mientras que la muerte es en el no-tiempo. Es el mar en el que nada la vida, indefensa, y es el mar en el que se hunde, exhausta, cuando no le quedan fuerzas con las que seguir pataleando para mantenerse a flote.
Cuando vivimos la muerte está ahí, es el mar de nada que nos rodea, no sucede pero está ahí.

martes, agosto 29, 2006

El loro

Escucho de vez en cuando los rumores que en el viento corren. Noticias de mi caída en desgracia y de mis mentiras sobre las noches acompañado. Sí, es todo verdad, vuelvo todos los días a casa dando tumbos y obligo a mi mujer a sodomizarme con el loro. Él está harto y me muerde el recto, los trocitos de carne que puede agarrar con su pequeño pico, pero así hace que me guste aun más.
Es esta la hora en la que yo me sincere con vosotros. Ha llegado el momento de que esto se aclare. Sí, me gustan los animales pero no, no tengo mascota. El loro es de mi mujer. Tuve una infancia feliz, recuerdo viajes al Pirineo y aprender a montar en bicicleta, pero también que regalaron a mi perro, al que yo quería mucho, porque molestaba a los vecinos. Bueno, quizás eso influyera. Aunque es poco probable. Al cabo de dos días ya no me acordaba del perro porque tenía una mesa de ping pong nueva y empezaba a jugar a médicos con las chicas de mi calle. ¿Dónde estarán ahora? ¿Me recordaran como las recuerdo yo a ellas? Eso espero.
El caso es que me gustan los animales y no tengo mascota. El caso es que me atraen, me ponen, me excitan, me, digamos, despiertan los sentidos. Y qué?
Además, resulta que no soy capaz de controlar mis impulsos. Y qué? Es eso un crimen? Bueno, es evidente que en ciertos países sí, lo es, pero a mi no me importa porque muchas otras cosas están prohibidas sin razón alguna. Se prohíben cosas constantemente y eso no impide, en absoluto, que esas cosas puedan llevarse a cabo dentro de una sana normalidad. Sin estridencias. Nunca dejaría que el loro me follara en público. Eso nunca. Pero en mi dormitorio, eso es otra cosa. Es una cosa que queda entre mi mujer, el loro y yo.
Además, sé que a él le gusta tanto como a mí. Solo hay que ver lo suaves y tersas que se le ha puesto las plumas. Y lo feliz que está todo el tiempo columpiando que va y columpiando que viene.

jueves, agosto 24, 2006

El texto aquí debajo no fue escrito pensando expresamente en Roure, pero espero que sirva como pequeño homenaje. No sé que más hacer, porque la muerte me desorienta.

Homenaje

No sé si me voy yo o te vas tú. Siempre que muere alguien me pasa lo mismo.
No sé si es una broma de mal gusto que nos dedicas, pero me temo que esta vez la broma te la hemos gastado a ti, entre todos. Solo espero que te dé tiempo a reírte, que hayas tenido tiempo de encontrarle la gracia a todo esto. Claro que sí. En realidad, estoy seguro de que lo último ha sido una risotada. Seguro que la enfermera todavía no se lo explica. Seguro que el médico de guardia todavía está pensando si incluirlo en las notas de su futura autobiografía. Seguro que la carcajada ha hecho temblar todo el edificio y que los celadores han tenido pesadillas toda la noche.
No, no he ido a tu entierro. He preferido continuar con la broma desde casa, sin compañía, porque así es como más nuestra, y, además, si resulta que al final todo esto no tiene gracia, pues nos enteramos tu y yo y ya está.
Si y no te voy a echar de menos, y, eso, amigo, es más de lo que puedo decirle a casi cualquiera, así que vamos ambos a conformarnos con eso, compañero.


“Algunos dicen y juran y rejuran que saltamos ambos aquel acantilado en la costa hace tantísimo tiempo. Y que morimos con solo ocho años. Aseguran que vieron a dos niños correr cogidos de la mano entre el bosque y a Dios prometen haberlos visto saltar aún agarrados el uno al otro.
Yo, desde luego, recuerdo haber caído, pero no recuerdo haber muerto. Y tú, hermano? Yo me recuerdo volando, riendo, pero no muriendo. Recuerdo las olas rompiendo contra las astilladas rocas del acantilado, pero nada más. Nada de muerte ni gritos ni dolor.”

martes, febrero 21, 2006

mucho tiempo ha pasado

Después de tanto tiempo, y esperando que alguien siga pasando por este rinconcito, os dejo el fotolog que hemos abierto con la movida del local.

http://www.fotolog.com/yzapatetas/

http://www.fotolog.com/yzapatetas/

http://www.fotolog.com/yzapatetas/



PD. Gente de Pluton, os recuerdo y os añoro, aunque parezca mentira.

viernes, noviembre 04, 2005


Expo Santiago Gutierrez en Albricias 2005

Astraco en Albricias 2005

Albricias 2005

viernes, agosto 05, 2005

El lenguaje es

El lenguaje es, evidentemente, el enemigo del hombre. El Enemigo; el primero y más terrible, el más rastrero y vil y traicionero y lleno de odio. El que no perdona y nunca está saciado. El que saquea los pueblos y no hace prisioneros.

Darse cuenta de ello es dar un paso hacia el abismo, sí, pero también apartarse un paso de esa llanura árida y vacía que es la ignorante rutina de los conformes.

Ahí queda eso.

jueves, julio 28, 2005

Imaginaba

Imaginaba en un recuerdo. O era un sueño. Imaginaba la amable curva que la silueta de sus dedos dibujaba a través de sus párpados cerrados cuando le acariciaba los ojos y él simulaba estar dormido en esas mañanas en las que ninguno de los dos se levantaba temprano y los jefes llamaban preocupados porque no habían aparecido por la oficina y sonreía ante semejante mentirijilla y él sabía que ella sabía que él no estaba dormido.

domingo, julio 10, 2005

Historia de amor

Un día, Salvador, solo, escuchando música, adivinó que una era la mujer de verdad, la original, de la que todas las otras procedían. Vulgares imitaciones, copias de un modelo al que poco faltaba para clavar sus raíces en la profundidad de lo divino. Eran siluetas en papel carbón de sus caricias. Eran agujeros donde sus ojos habían mirado alguna vez, hacía ya mucho tiempo. Eran huellas en húmedas calles por las que ella había caminado.
Estaba asustado, claro. Las revelaciones no son cómodas y dejan un regusto amargo, un sueño nervioso, le dejan a uno colgada a la espalda la pesada carga que es la responsabilidad. La responsabilidad de saber. Acuciada además por la imposibilidad de comunicar en un caso como el de Salvador, porque imposibles de encontrar eran las palabras que describieran la visión, la comprensión de que todas ellas eran herederas de Ella.
Miraba el techo y cerraba los ojos de vez en cuando. Pensaba. Trataba de recordar pero la imagen, vana aproximación a la idea, se le escapaba de entre los dedos. Cuanto la echaba de menos, cuanto. Acababa de verla por primera vez, ni siquiera verla, acababa de comprenderla por primera vez, y quería más. No podía conformarse con descendientes aguadas e insípidas, con los vacíos aspavientos de resentidas deudoras que le confundían y maltrataban. En él crecía la necesidad de saber más sobre las líneas maestras de aquel plan.
De repente, una terrorífica duda creció a través de sus pies hasta la columna vertebral y le produjo un escalofrío. Él era también quizá una burda copia del hombre original. Una silueta reptante entre callejones de vulgaridad y mal gusto. Una sombra donde antes hubo un beso. Una mala copia, además. No tendría él oportunidad de hallarse entre los brazos de tan alta dama, pues de ello no era merecedor. Una historia de amor muerta, como todas, antes de empezar, pensó Él.
Todas las historias de amor nacen muertas porque son reflejos de la historia de amor original, verdadera, de la que todos somos hijos e hijas, una historia de amor de final trágico y buscada muerte, una historia de amor prohibido, hermosa, incomprensible, inabarcable, insaciable. Una historia de amor que, negándose a desaparecer marcada por la muerte de los amantes en tan desgraciado encuentro, se repite una y otra vez hasta el infinito, revive en nosotros, aunque nosotros, vulgares calcos desgastados por el paso del tiempo, no siempre seamos capaces de sentirlo.

domingo, mayo 22, 2005

Auorgh!

“El acto surrealista más simple consiste en salir a la calle empuñando un revólver y dispararlo al azar sobre la muchedumbre. El que no haya sentido la tentación de terminar en esta forma con el mísero sistema de envilecimiento y cretinización vigente, tiene un sitio entre esa muchedumbre y su barriga se encuentra en el punto de mira de este revólver” A.Breton
Extraído del Aurogh! Número 1 o 2, no estoy seguro.
Anarco-surrealismo o muerte! Y si me tienen que matar, que sea un policía alcohólico y más bien guapo, de métodos poco ortodoxos y al que llamen para los casos más difíciles.

jueves, mayo 19, 2005

Pócima

Doce, doce nada más y nada menos, hombres cruzaron aquella noche el umbral de su puerta. Entraban, compraban el liquido amarillento servido en pequeños tarros cerrados con un tapón de corcho, charlaban unos instantes de algo insustancial, y se iban apresuradamente.
En los frascos el líquido, espeso, apenas se movía cuando ella lo sacaba de alguno de los pequeños armarios de su despensa. Abría la puerta de madera, recubierta de un halo de misterio desde que la leyenda empezó a revolotear por el pueblo, encendía la luz de la única bombilla del cuartito tirando de un hilo, y entraba cerrando la puerta tras de sí para que los hombres quedaran a la espera, solos, en el salón.
Cuando los clientes salían, dispuestos satisfacer sus bajas necesidades, quizás con su mujer, quizás con otra, ella se quedaba sola en el salón, sentada, sonriente. No recordaba el momento exacto en el que se le ocurrió empezar la historia. Sí recuerda que fue fácil y que en pocas semanas ya llegó el primero, vacilante e inseguro, a preguntar si era cierto aquello que decían de su brebaje. Ella, claro, contestó que sí. Él compró, claro. Y en pocos meses cada noche llegaban muchos, ocho, diez, doce, y compraban y se iban, y volvían otro día, y otro. Y a ella las mujeres la miraban por la calle y la señalaban con el dedo.
Y en el brebaje solo había agua y miel.