miércoles, octubre 04, 2006


Aprovechando el ciclo en Albricias sobre Michael Caine, cuelgo aqui esta foto. En pleno swingin London.

sábado, septiembre 23, 2006

In Dreams (Blue Velvet)

David Lynch, Dennis Hopper, Roy Orbison,...

miércoles, septiembre 13, 2006

Citas útiles

Os he escrito por carta, que no os juntéis con los fornicarios.
Corintios 5:9
No absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del mundo.
Corintios 5:10
Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis.
Corintios 5:11

jueves, agosto 31, 2006


Llegar tarde a tu propia muerte. William S. Burroughs.

Vamos por partes: Muerte de Anselmo

Entre los escalones quinto y séptimo de una fría escalera de caracol encontró Anselmo Delgado la muerte, una mañana tonta y tan fría como la escalera misma que se levantaba sobre la ciudad de Barcelona. En aquel tejado ya solo quedaban algunas palomas que revoloteaban sobre el cadáver y los charcos verdosos recuerdo de la lluvia del último martes. Le parecía a Anselmo cuando vivía que todos los Martes debía de llover en esa ciudad extraña, que las nubes iban acompasadas al ritmo de los días y que, por ley, los Jueves eran soleados rompiendo así las semanas con inocente alegría y calorcito.
Volvamos, pues, a cuando Anselmo estaba coleando todavía.
Un martes lluvioso se despertaba con él. Era Noviembre, mediados. La costumbre de empezar el día a las ocho se le había quedado incrustada entre ceja y ceja después de cuarenta y siete años trabajando en las imprentas Solàs e Hijos S.L., así que llevaba casi un mes sin trabajar y ahí estaba, poniéndose los zapatos y repeinándose los cuatro pelos que quedaban en pie, oyendo el desagüe del tejado bajando lleno hasta los topes, el agua ruidosa repicando encima del techo y después un hierro, suelto por el viento seguramente, golpeando la pared lateral que daba a la calle. Decició, claro, subir a echar una ojeada.

Más sobre la muerte

La muerte no es lo opuesto a la vida, es lo que sucede cuando la vida no es.
Así la vida es en el tiempo, mientras que la muerte es en el no-tiempo. Es el mar en el que nada la vida, indefensa, y es el mar en el que se hunde, exhausta, cuando no le quedan fuerzas con las que seguir pataleando para mantenerse a flote.
Cuando vivimos la muerte está ahí, es el mar de nada que nos rodea, no sucede pero está ahí.

martes, agosto 29, 2006

El loro

Escucho de vez en cuando los rumores que en el viento corren. Noticias de mi caída en desgracia y de mis mentiras sobre las noches acompañado. Sí, es todo verdad, vuelvo todos los días a casa dando tumbos y obligo a mi mujer a sodomizarme con el loro. Él está harto y me muerde el recto, los trocitos de carne que puede agarrar con su pequeño pico, pero así hace que me guste aun más.
Es esta la hora en la que yo me sincere con vosotros. Ha llegado el momento de que esto se aclare. Sí, me gustan los animales pero no, no tengo mascota. El loro es de mi mujer. Tuve una infancia feliz, recuerdo viajes al Pirineo y aprender a montar en bicicleta, pero también que regalaron a mi perro, al que yo quería mucho, porque molestaba a los vecinos. Bueno, quizás eso influyera. Aunque es poco probable. Al cabo de dos días ya no me acordaba del perro porque tenía una mesa de ping pong nueva y empezaba a jugar a médicos con las chicas de mi calle. ¿Dónde estarán ahora? ¿Me recordaran como las recuerdo yo a ellas? Eso espero.
El caso es que me gustan los animales y no tengo mascota. El caso es que me atraen, me ponen, me excitan, me, digamos, despiertan los sentidos. Y qué?
Además, resulta que no soy capaz de controlar mis impulsos. Y qué? Es eso un crimen? Bueno, es evidente que en ciertos países sí, lo es, pero a mi no me importa porque muchas otras cosas están prohibidas sin razón alguna. Se prohíben cosas constantemente y eso no impide, en absoluto, que esas cosas puedan llevarse a cabo dentro de una sana normalidad. Sin estridencias. Nunca dejaría que el loro me follara en público. Eso nunca. Pero en mi dormitorio, eso es otra cosa. Es una cosa que queda entre mi mujer, el loro y yo.
Además, sé que a él le gusta tanto como a mí. Solo hay que ver lo suaves y tersas que se le ha puesto las plumas. Y lo feliz que está todo el tiempo columpiando que va y columpiando que viene.

jueves, agosto 24, 2006

El texto aquí debajo no fue escrito pensando expresamente en Roure, pero espero que sirva como pequeño homenaje. No sé que más hacer, porque la muerte me desorienta.

Homenaje

No sé si me voy yo o te vas tú. Siempre que muere alguien me pasa lo mismo.
No sé si es una broma de mal gusto que nos dedicas, pero me temo que esta vez la broma te la hemos gastado a ti, entre todos. Solo espero que te dé tiempo a reírte, que hayas tenido tiempo de encontrarle la gracia a todo esto. Claro que sí. En realidad, estoy seguro de que lo último ha sido una risotada. Seguro que la enfermera todavía no se lo explica. Seguro que el médico de guardia todavía está pensando si incluirlo en las notas de su futura autobiografía. Seguro que la carcajada ha hecho temblar todo el edificio y que los celadores han tenido pesadillas toda la noche.
No, no he ido a tu entierro. He preferido continuar con la broma desde casa, sin compañía, porque así es como más nuestra, y, además, si resulta que al final todo esto no tiene gracia, pues nos enteramos tu y yo y ya está.
Si y no te voy a echar de menos, y, eso, amigo, es más de lo que puedo decirle a casi cualquiera, así que vamos ambos a conformarnos con eso, compañero.


“Algunos dicen y juran y rejuran que saltamos ambos aquel acantilado en la costa hace tantísimo tiempo. Y que morimos con solo ocho años. Aseguran que vieron a dos niños correr cogidos de la mano entre el bosque y a Dios prometen haberlos visto saltar aún agarrados el uno al otro.
Yo, desde luego, recuerdo haber caído, pero no recuerdo haber muerto. Y tú, hermano? Yo me recuerdo volando, riendo, pero no muriendo. Recuerdo las olas rompiendo contra las astilladas rocas del acantilado, pero nada más. Nada de muerte ni gritos ni dolor.”

martes, febrero 21, 2006

mucho tiempo ha pasado

Después de tanto tiempo, y esperando que alguien siga pasando por este rinconcito, os dejo el fotolog que hemos abierto con la movida del local.

http://www.fotolog.com/yzapatetas/

http://www.fotolog.com/yzapatetas/

http://www.fotolog.com/yzapatetas/



PD. Gente de Pluton, os recuerdo y os añoro, aunque parezca mentira.

viernes, noviembre 04, 2005


Expo Santiago Gutierrez en Albricias 2005

Astraco en Albricias 2005

Albricias 2005

viernes, agosto 05, 2005

El lenguaje es

El lenguaje es, evidentemente, el enemigo del hombre. El Enemigo; el primero y más terrible, el más rastrero y vil y traicionero y lleno de odio. El que no perdona y nunca está saciado. El que saquea los pueblos y no hace prisioneros.

Darse cuenta de ello es dar un paso hacia el abismo, sí, pero también apartarse un paso de esa llanura árida y vacía que es la ignorante rutina de los conformes.

Ahí queda eso.

jueves, julio 28, 2005

Imaginaba

Imaginaba en un recuerdo. O era un sueño. Imaginaba la amable curva que la silueta de sus dedos dibujaba a través de sus párpados cerrados cuando le acariciaba los ojos y él simulaba estar dormido en esas mañanas en las que ninguno de los dos se levantaba temprano y los jefes llamaban preocupados porque no habían aparecido por la oficina y sonreía ante semejante mentirijilla y él sabía que ella sabía que él no estaba dormido.

domingo, julio 10, 2005

Historia de amor

Un día, Salvador, solo, escuchando música, adivinó que una era la mujer de verdad, la original, de la que todas las otras procedían. Vulgares imitaciones, copias de un modelo al que poco faltaba para clavar sus raíces en la profundidad de lo divino. Eran siluetas en papel carbón de sus caricias. Eran agujeros donde sus ojos habían mirado alguna vez, hacía ya mucho tiempo. Eran huellas en húmedas calles por las que ella había caminado.
Estaba asustado, claro. Las revelaciones no son cómodas y dejan un regusto amargo, un sueño nervioso, le dejan a uno colgada a la espalda la pesada carga que es la responsabilidad. La responsabilidad de saber. Acuciada además por la imposibilidad de comunicar en un caso como el de Salvador, porque imposibles de encontrar eran las palabras que describieran la visión, la comprensión de que todas ellas eran herederas de Ella.
Miraba el techo y cerraba los ojos de vez en cuando. Pensaba. Trataba de recordar pero la imagen, vana aproximación a la idea, se le escapaba de entre los dedos. Cuanto la echaba de menos, cuanto. Acababa de verla por primera vez, ni siquiera verla, acababa de comprenderla por primera vez, y quería más. No podía conformarse con descendientes aguadas e insípidas, con los vacíos aspavientos de resentidas deudoras que le confundían y maltrataban. En él crecía la necesidad de saber más sobre las líneas maestras de aquel plan.
De repente, una terrorífica duda creció a través de sus pies hasta la columna vertebral y le produjo un escalofrío. Él era también quizá una burda copia del hombre original. Una silueta reptante entre callejones de vulgaridad y mal gusto. Una sombra donde antes hubo un beso. Una mala copia, además. No tendría él oportunidad de hallarse entre los brazos de tan alta dama, pues de ello no era merecedor. Una historia de amor muerta, como todas, antes de empezar, pensó Él.
Todas las historias de amor nacen muertas porque son reflejos de la historia de amor original, verdadera, de la que todos somos hijos e hijas, una historia de amor de final trágico y buscada muerte, una historia de amor prohibido, hermosa, incomprensible, inabarcable, insaciable. Una historia de amor que, negándose a desaparecer marcada por la muerte de los amantes en tan desgraciado encuentro, se repite una y otra vez hasta el infinito, revive en nosotros, aunque nosotros, vulgares calcos desgastados por el paso del tiempo, no siempre seamos capaces de sentirlo.

domingo, mayo 22, 2005

Auorgh!

“El acto surrealista más simple consiste en salir a la calle empuñando un revólver y dispararlo al azar sobre la muchedumbre. El que no haya sentido la tentación de terminar en esta forma con el mísero sistema de envilecimiento y cretinización vigente, tiene un sitio entre esa muchedumbre y su barriga se encuentra en el punto de mira de este revólver” A.Breton
Extraído del Aurogh! Número 1 o 2, no estoy seguro.
Anarco-surrealismo o muerte! Y si me tienen que matar, que sea un policía alcohólico y más bien guapo, de métodos poco ortodoxos y al que llamen para los casos más difíciles.

jueves, mayo 19, 2005

Pócima

Doce, doce nada más y nada menos, hombres cruzaron aquella noche el umbral de su puerta. Entraban, compraban el liquido amarillento servido en pequeños tarros cerrados con un tapón de corcho, charlaban unos instantes de algo insustancial, y se iban apresuradamente.
En los frascos el líquido, espeso, apenas se movía cuando ella lo sacaba de alguno de los pequeños armarios de su despensa. Abría la puerta de madera, recubierta de un halo de misterio desde que la leyenda empezó a revolotear por el pueblo, encendía la luz de la única bombilla del cuartito tirando de un hilo, y entraba cerrando la puerta tras de sí para que los hombres quedaran a la espera, solos, en el salón.
Cuando los clientes salían, dispuestos satisfacer sus bajas necesidades, quizás con su mujer, quizás con otra, ella se quedaba sola en el salón, sentada, sonriente. No recordaba el momento exacto en el que se le ocurrió empezar la historia. Sí recuerda que fue fácil y que en pocas semanas ya llegó el primero, vacilante e inseguro, a preguntar si era cierto aquello que decían de su brebaje. Ella, claro, contestó que sí. Él compró, claro. Y en pocos meses cada noche llegaban muchos, ocho, diez, doce, y compraban y se iban, y volvían otro día, y otro. Y a ella las mujeres la miraban por la calle y la señalaban con el dedo.
Y en el brebaje solo había agua y miel.

martes, marzo 29, 2005

Ciencia y progreso (inacabado, faltan datos, etc...)

Ciencia y progreso

Uno de los muchos problemas de enfoque de la ciencia contemporánea, si puede llamarse así, es el sistemático olvido de los que perecieron derrotados en las viejas batallas libradas en nombre del progreso. Una postura como la nuestra de crecimiento constante hacia un futuro que creemos siempre mejor, en gran parte por herencia de una postura de la modernidad demostrada falsa una y otra vez, exige que los perdedores en esta carrera sean inmediatamente dejados a un lado y los vencedores alzados a los pulpitos mesiánicos del idolatrado “progreso científico”, ahora ya necesariamente entrecomillado después de un siglo veinte como el vivido. Remarquemos algunos ejemplos de esto en campos como las ciencias evolutivas o la física quántica.
Las hermosas teorías de los estructuralistas pre-darwinianos sobre la adaptación de los comportamientos de las especies a los cambios en la forma de sus cuerpos regidos por un “arquitecto de las formas” superior han sido apartados de la ciencia seria simplemente por ser falsos. Después de ellos, Lamarck y Darwin demostraron que los cambios en la forma de las especies en la evolución son posteriores a los cambios en el comportamiento, es decir, que los cambios en la forma no se rigen por los designios de ningún demiurgo de lo plástico o de lo útil, sino por las necesidades de los organismos de adaptarse a los cambios en el ambiente. Una vez apartados los estructuralistas de las ciencias “serias” sobre la evolución Lamarck fue a su vez derrotado por Darwin y relegado a un sempiterno segundo plano. Lamarck mantenía que las necesidades ambientales impulsaban al organismo a anteponer ciertas modificaciones a otras en función de su utilidad evolutiva (herencia de los caracteres adquiridos, los organismos cambian creativamente en aras de la utilidad y estas mejoras son transmitidas a la descendencia), pero Darwin demostró que los cambios genéticos (por utilizar un término contemporáneo) son solo fruto de la buena o mala fortuna de los organismos particulares enfrentados a un medio particular, en la jugada de dados eterna entre las especies y los ambientes. Sobreviven las especies que tienen la suerte de ser mejores. Naturalmente, el perdedor de esta batalla, quizás algo menos perdedor que sus predecesores estructuralistas, fue si no bien olvidado sí instalado en un segundo plano en favor del progreso. Una prueba tan trivial como aplastante de esta relegación acaba de aparecer por sorpresa ante mis ojos al escribir estas líneas, Darwin es una palabra conocida por el corrector de idioma de mi ordenador, incluso siendo un nombre propio, en cambio Lamarck está subrayado en rojo en todo el texto, irreconocido e inexistente. El producto estrella del progreso contemporáneo, el ordenador personal, está de acuerdo conmigo.
Esta glorificación de la verdad de Darwin contra la falsedad de la existencia de una “arquitectura de formas” es posible que nos haya acercado al conocimiento de nosotros mismos, pero el olvido a que ha sido sometida la teoría estructuralista de la evolución en frente de la funcionalista nos ha privado de una bella forma de entender la naturaleza.
En un campo si cabe más complejo, al menos para alguien de letras como yo, la física quántica, este desprecio por los perdedores es incluso más salvaje, a veces con resultados imprevisibles. El enigma de nuestra época en lo que refiere a la comprensión de nuestro universo se encuentra en las partículas subatómicas que definen o deberían definir los comportamientos de toda materia regida por las leyes de la física. El problema aparece cuando no solo somos prácticamente incapaces de comprender las relaciones, las reacciones y las fuerzas que rigen estas partículas sino que además parece que éstas se enfrentan directamente a la teoría de la relatividad. El hecho de que las enormes energías que conducen a los planetas por sus órbitas (Leyes de Newton) se contradigan con el de las tan o más enormes energía que mantienen, por ejemplo, unidas las partes de los átomos nos desorienta y nos deja, por decirlo de alguna manera, desnudos de nuevo ante el universo.
A mediados del siglo pasado un joven estudiante de física empezó a elaborar una teoría tomando como base un antiguo manuscrito sobre física encontrado prácticamente abandonado en el fondo de un cajón en una biblioteca. Esta teoría, mejorada y redefinida con el tiempo por otros, es conocida como la “teoría de cuerdas” y se centra en una fórmula de imposible comprobación que relaciona y hace compatibles las leyes de la física newtoniana y las leyes de la física subatómica (teoría de la unificación). En este punto y sin adentrarnos más en las consideraciones físico-matemáticas de esta teoría por no ser importantes para este escrito volvemos al tema que nos ocupa. La fórmula base para una teoría recuperada a finales del siglo veinte y que está vigente ahora mismo en cuanto a discusión viva y palpitante de la física contemporánea fue apartada, olvidada, defenestrada de la ciencia de la modernidad hace más de dos siglos y permaneció oculta en un cajón hasta los mediados del siglo veinte. Se despreció una teoría que, puede ser o no ser falsa, pero que ahora mismo centra de nuevo las investigaciones de algunos de los físicos más importantes, mal que les pese a algunos, de la actualidad. De nuevos nos hallamos ante el rígido desprecio por lo no comprobado, o por lo falso, o por lo que no se ajusta a nuestra forma de conocer el mundo heredado, en este caso “realmente” heredado en forma de documento, de la modernidad. Este desprecio en la “teoría de cuerdas” puede, además, acabar por darnos alguna sorpresa, pues la nueva “Teoría de las supercuerdas” se alza cada vez con más apoyo entre jóvenes científicos y está solo a la espera de un experimento dentro de lo posible para modificar para siempre nuestra forma de entender el universo (orden de partículas subatómicas, división en nuevas dimensiones, conceptos de espacio-tiempo, etc...).
El problema, de todas formas, no es que una teoría despreciada y olvidada pueda sentar la base para el novísimo conocimiento, aunque este es parte del problema. El mayor defecto es precisamente este punto de enfoque anclado en una obsesión por la superioridad de nuestra cultura que es un síntoma de la vieja ansia de dominación destapada durante el siglo veinte por muchos, entre ellos Adorno o los post-estructuralistas. Nuestra ciencia es incapaz de entender la no razón, la falta de peso del concepto de verdad, la belleza del error, el horror del que es capaz la técnica y muchos otros “hechos conceptuales” (aquí me tomo cierta libertad lingüística, lo sé), que aplastan nuestra visión del mundo y por extensión de nosotros mismos. No aceptar la falsedad en el proceso científico, exigir empirismo cuando no es exigible en absoluto, apartar de nuestra biografía científica a los que después de muchos esfuerzos han tenido que ver como sus teorías eran rebatidas, no es solo causa de sino consecuencia de una visión obsoleta y marcada por la desgracia de la ciencia, una visión dibujada con conceptos tan vacíos como progreso, orden o verdad.

miércoles, marzo 23, 2005


Granada 2005